La formación de los catequistas comprende varias dimensiones:

Después está lo que el catequista debe "saber" para desempeñar bien su tarea. Esta dimensión, penetrada de la doble fidelidad, al mensaje y a la persona humana, requiere que el catequista conozca bien el mensaje que transmite y, al mismo tiempo, al destinatario que lo recibe y el contexto social en que vive.

Por eso es necesario que tenga:

  • Un conocimiento del catequizando y de la realidad social en que vive.
  • Una visión general del proceso evangelizador y del concepto de catequesis de hoy.
  • Un conocimiento suficiente de la Palabra de Dios y del mensaje cristiano.
  • Una visión integral de los valores evangélicos que ha de vivir y transmitir.
  • Y una vivencia fuerte en la vida de oración.

Como parte de la formación básica de todo catequista, se encuentra poseer un acercamiento elemental a la reflexión teológica, con una acentuación catequética, lo que habrá de llevarle a crecer en el desempeño de su ministerio.

Deseamos que este módulo fortalezca la vocación y el compromiso de cada uno de nosotros por llevar el mensaje de Cristo a toda persona y lugar.

Conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresión concreta ayudará al catequista a su vez a ser comunicador de esta experiencia entre sus catequizandos, tarea propia de la catequesis y que exige el mayor de los cuidados y esfuerzos para una vida liturgica más profunda y más auténtica.

Concluiremos el módulo con dos temas que hacen referencia directa a la oración, distinguiendo entre distintas definiciones y diferentes formas de oración, para caer en cuenta el valor que tiene en la vida cristiana.

Este módulo tiene como finalidad presentar al catequista la moral cristiana como reflexión vital de todo discípulo, para que pueda alcanzar la santidad y la salvación; para vivir su vocación y dignidad de Hijo de Dios, es decir, crecer y madurar como discípulo misionero de Cristo, para tener vida pena en Él.